Hace poco conocí el Autobús de la Juventud (Gençlik Otobüsü) gracias a un amigo que compartió un vídeo en Facebook. Sinceramente, cuando vi el vídeo no me lo creí mucho, no os voy a mentir. ¿Quién va a llevar a quién de viaje por 15 países y 28 ciudades, dándole alojamiento y comida, y encima con guías que nos van a enseñar los sitios que visitemos? «Sí, claro, anda ya», pensaba. De hecho, me dije «ya lo miraré luego» y lo guardé en marcadores. Pero pasó media hora y, claro, la curiosidad pudo conmigo: volví al vídeo y de ahí llegué a la web del evento.
Entré en la página… Mientras leía las secciones del proyecto, los requisitos de participación, la información general, las fechas y los patrocinadores, al final me dio como un estallido de felicidad. De verdad que me había gustado muchísimo y parecía real y divertido. En ese mismo momento entré y rellené el formulario de inscripción.
Mientras rellenaba el formulario, en un primer momento me puse a escribir larguísimo, como queriendo que entendieran cuánto lo deseaba. Luego me vino a la cabeza aquello de «habla poco, di mucho». Así que decidí ser breve y mencionar solo mis puntos fuertes. Ojalá les guste y pasemos el corte. Y si no lo pasamos, pues será lo mejor, claro, pero si les gustara sería genial… Sinceramente, creo de todo corazón que voy a pasar la selección. Es más, al final del formulario había una parte que decía «comparte este evento en tus redes sociales». En cuanto pensé «¿para qué lo voy a compartir? Mejor que no se entere todo el mundo», empecé a cuestionarme a mí mismo. Burak, me dije, sé un hombre. ¿Es que no confías en ti?, me dije. ¿Qué te pasa, tío?, me dije. Y venga a decirme cosas. Además, me dije, si no se lo cuentas a tus amigos, ¿qué sentido tiene la amistad? ¿Es eso la amistad?, me dije. Y dale que te pego. Pero al final encontré el buen camino y lo compartí en Twitter, en Google Plus, en Facebook, en todas partes, y le di a «me gusta» a los vídeos en YouTube… Es más, cuanto más lo compartía, más amigos nuevos hacía entre los que también se apuntaban al Autobús de la Juventud. Y entonces me dije: «si no le niegas tu bondad a los demás, esa bondad da vueltas y vueltas y acaba volviendo a ti» 😀 Vaya si me dije cosas. En mi vida habré usado tanto la palabra «dije». Pues esta fue mi aventura con la inscripción. Imaginadme allí: la de vídeos, fotos y artículos que saldrían de mí.
Así es: 15 países, 28 ciudades, una diversión tremenda, un viaje para acumular conocimientos, recuerdos nuevos, amistades nuevas y lugares que no habéis visitado ni visto. Yo creo que vosotros también deberíais apuntaros; no perdéis nada. Solo le sumáis +100 a vuestra situación actual. Yo haré todo lo posible por subirme a ese autobús, pero vosotros rezad por mí. Sin oraciones no hay manera 😀