Las palabrotas eran antes una cadena de palabras que la gente soltaba sin poder contenerse cuando se enfadaba mucho. Ya no sé qué ha pasado: ahora la gente insulta tan tranquila, a sus anchas, al que viene, al que va, al que huye, al que persigue… hay incluso quien insulta a su mejor amigo. En fin, qué puedo decir. Si ahora digo aquí que decir palabrotas es pecado, que es una falta de decencia, no me va a hacer caso ni un alma. O sea, no entiendo esta afición de la gente por las palabrotas. La gente ya no termina una frase sin rematarla con un taco. Pero vamos a ver, ¿insultar te hace más alto, te da más caché? Los que se creen que presumen no se dan cuenta, me parece, de que se desinflan como un balón pinchado. Lo peor del asunto es que hasta los niños de 8-9 años han empezado a soltar palabrotas tan tranquilos. Por poner un ejemplo: en YouTube, niños de 13 años escriben debajo de los vídeos unos insultos que ni os pasarían por la cabeza.
También hay muchos que insultan para entretener a la gente. Claro, los niños pequeños, al ver esto, se creen que insultar es algo normal y desde la cuna empiezan a soltar improperios contra padre y madre.
Últimamente la gente ha empezado a presentar las palabrotas como algo tan corriente que hace poco salió un periódico. Todo el mundo se dio cuenta de que el nombre de ese periódico era la forma abreviada de un insulto usado en la vida cotidiana, pero, claro, ¿podían lanzarlo así al mercado? No, por supuesto: convirtieron la abreviatura en palabras normales y lo sacaron a la venta, y
la gente fue y compró ese periódico. Qué puedo decir; nada, por supuesto. Pero que Dios les dé juicio y sensatez a todos.
Si expreso mi propia opinión: en mi entorno, aunque sea mi amigo más cercano, si le sale una palabrota de la boca, me resulta raro. No se lo veo apropiado, qué le voy a hacer. Y como oiga yo una palabrota de una chica, esa chica a mis ojos no es que valga 0: no vale ni -100.000.000. Es decir, en ese momento, para mí, ha firmado su propia sentencia. Y si me decís «¿y a ella le importaba lo que tú pienses?», pues aunque no le importe, su conciencia lo sabe.
En fin, que insultar no es nada bonito. A mí también me dan ganas a veces de insultar a más de un sinvergüenza, sobre todo cuando oigo noticias de MÁRTIRES, pero en su lugar me parece más lógico y más decoroso refugiarme en Dios y pedirle ayuda. Al fin y al cabo, cuando insultas, lo único que te queda no es más que una boca ensuciada con malas palabras.
Aclaro también una cosa. Algunos podréis decir «has escrito este artículo como si lo supieras todo». Es verdad, también habrá cosas que yo no sepa. Yo solo quise poner por escrito algunas de mis ideas. Que cada cual entienda lo que quiera; lo importante es poder explicarle aunque sea a una sola persona que insultar no es algo decente.
En fin, basta ya de escribir. Ya volveré a escribir aquí sobre los temas que se me ocurran. Cuidaos mucho. Que Dios os guarde…