La protagonista relata su difícil experiencia al enfrentarse al acento británico en el ámbito laboral, a pesar de haber cursado sus estudios superiores en inglés y haber trabajado en medios internacionales. Confiesa que, al principio, no lograba entender ni una palabra de lo que decía su consultora, lo que le generó una gran inseguridad sobre su capacidad profesional.
Finalmente, logró adaptarse al acento, aunque destaca que la gran variedad regional en Inglaterra complica el aprendizaje. Como dato curioso, menciona que su hija ha adoptado el acento de Nottingham, lo cual le resulta una situación bastante peculiar.